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Las torrijas de leche de mi abuela

No es que haya heredado muchas recetas de mi abuela, la verdad. Pero sí que al menos he heredado unas cuantas de las que puedo decir que las aprendí de ver a mi abuela hacerlas cuando era pequeño e íbamos a su casa y jugábamos por la cocina. Una de esas recetas es la de las torrijas de leche, que como no podía ser de otro modo tocaba hacerlas ahora, que estamos en Semana Santa.

No tienen misterio, de hecho seguramente que todos sabéis hacerlas ya, y más si son las tradicionales. Pero con esta receta quería reivindicar dos cosas. Por un lado la sencillez de la cocina tradicional en contraposición con todas esas, seguramente riquísimas, recetas modernas de torrijas a las que se le añaden sabores, colores, toppgins, etc. De hecho yo hice unas hace un tiempo que realmente son espectaculares: Torrijas caramelizadas en toffee con helado de vainilla. Y por otro lado simplemente retomar una de las recetas que marcaron mi niñez, y es que me encantaban, aunque creo que a mi hermano muchísimo más.

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Tortitas americanas esponjosas de plátano

Sí, nadie ha dicho que las tortitas americanas no sean esponjosas, lo digo por el título del post, que parece como si estas fueses esponjosas y el resto no. Pero todo tiene un por qué. El caso es que tenía un plátano muy maduro en casa y quería darle salida, unido a que compré hace unos días un sirope de mantequilla de nueces pecanas y quería probarlo con unas tortitas. La mezcla ha sido esta receta de tortitas americanas de plátano.

La razón del “esponjosas” por lo tanto viene de la necesidad de hacerlas más esponjosas de lo normal porque el plátano ya las hará más espesas. Y hay que contrarrestar. En el caso de la receta de hoy con la adición al final de la masa de un par de claras batidas a punto de nieve. Eso hace que añadamos aire, sin necesidad de añadir más impulsor. Y por lo tanto, al cocinarlas, el aire de calienta, empuja la masa hacia arriba y las deja más esponjosas.

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MegaGalleta de Kit kat y helado de leche merengada

Y como cada 10 de julio desde hace 3 años, tocaba celebrar su cumpleaños. El primer año le hice una “tarta 1”, el segundo año le hice una sachererizo y este año ha tocado algo un poco diferente, una mega galleta de kit kat y helado de leche merengada. Que por cierto, es la receta de galletas 003 de mi auto reto.

En tres años nos ha pasado de todo, qué os voy a contar a los que seáis padres y sepáis los sacrificios que se hacen por los hijos. Bueno, no lo llamaría sacrificio, ya que consiste solo en hacer lo que crees que es mejor para ellos sin importar nada todo lo demás. Tal vez toca ir menos al cine, menos de restaurantes, menos con los amigos, pero la devolución desinteresada de amor que te dan los hijos es algo tan grande que todo lo demás pasa a un segundo plano.

De hecho, en estos días estoy convencido, de que a pesar de que los peques se hacen mayores y tal vez pasen por años complicados en los que les parece que el mundo está contra ellos, incluidos sus padres… incluso en esa aparente separación padres/hijos, os podéis sentir orgullosos porque serán los únicos que realmente estarán a vuestro lado toda la vida. Son de los únicos que podéis esperar que siempre estarán ahí y os tendrán presentes.

En fin, que ellos se merecen una mega galleta y mucho más.

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¿Y mis raíces gastronómicas?

De pequeño tenía mucha envidia (de la mala) de mis compañeros de colegio. Llegaban todos los lunes y ya sabía que el tema de conversación era lo bien que lo habían pasado en su “pueblo”. El caso es que crecí con una sensación de pensar que el “pueblo” era lo más grande que podría existir en la vida de un niño. Yo no tenía “pueblo”, mi pueblo como mucho era desplazarnos de Móstoles a Madrid para ir a comer a un chino o ir al cine o de compras. Eso sí, monté en metro, seguramente mucho antes que cualquiera de mis amigos.

De mayor, poco a poco, he ido descubriendo que tengo envidia a otro tema, y este tiene más que ver con la gastronomía. Me encanta, por lo tanto es una envida sana, ver como muchos de vosotros tenéis grandes recetarios de vuestras abuelas o madres. Yo creo que no tengo esa suerte o al menos con el paso del tiempo voy viviendo este hecho como algo cada vez un poco más turbio.

La verdad que tampoco me ha dado por indagar en mis raíces gastronómicas. Creo que eso es más un hecho cultural y educacional que otra cosa. Es decir, dependerá el tener o no raíces gastronómicas si la propia familia te inculca una educación por las gastronomía de tus antepasados. Y la verdad que las mías deberían ser buenas, muy buenas.

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Receta de arroz con leche quemado

Arroz con leche quemado - elmonstruodelasgalletas.com

El arroz con leche, seguramente sea uno de los postres más clásicos y tradicionales que existan en la cocina española. Pero también es un postre que llevo bastante dentro de mí. Recuerdo unas vacaciones un poco extrañas que hicimos con mi padre y mi abuela por Asturias y como se convirtió en todo un fiasco la búsqueda de un arroz con leche quemado.

Todo empezó un domingo de principios de septiembre de algún año cercano a 1995. Sí, en plan abuelita de las Chicas de Oro “Sicilia, 1883…”. Mi padre nos sorprendió con que la mañana siguiente nos íbamos a Asturias de tour, desde el occidente hasta el oriente pasando por diferentes ciudades y pueblos. Un día en cada sitio, a la aventura, a buscar alojamiento, comida, etc. Las recuerdo como unas vacaciones apasionantes, sobre todo en el aspecto gastronómico. De hecho desde entonces estoy enamorado de la gastronomía asturiana (al margen de que mi abuela paterna sea de allí).

El caso es que comimos más tostas de cabrales, chorizo a la sidra, entrecots al cabrales, fabada, cabritu, y un millón de platos más que lo que una persona normal podría comer. El lema era reventar antes que sobre… el mal del pobre, vamos. Pero no hubo forma de comer un arroz con leche en condiciones en ningún sitio. Todos tenían el quemador roto, o eso decían. Sea como sea siempre tendré esa espinita clavada y aunque utilizar un soplete no es igual, creo que es lo mejor para casa. Así que adelante con la receta.

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