Ayer, 25 de diciembre, día de Navidad. 14:02 horas. Justo antes de la comida familiar. Vibrador del teléfono anunciando un nuevo mail. El remitente es Mercadona. El asunto: Gracias por su interés. El contenido:

En relación al proceso de selección que realizó en MADRID, le informamos que en esta ocasión no hemos podido contar con su candidatura para continuar en el proceso.

Gracias a ti, Mercadona, pero así no se hace. En especial, gracias a la persona del personal de recursos humanos de Mercadona que decidió que comunicarlo un 25 de diciembre era un buen momento. Así que, esta carta te la dedico a ti, con la intención, sincera, de que algo pueda despertar en tu interior y que no lo vuelvas a hacer.

Muy estimado señor mio,

Le escribo estas líneas como respuesta a su mail, del 25 de diciembre, donde me descartaban del proceso de selección iniciado com ustedes el 5 de este mismo mes. Lo hago desde el más profundo respeto por su trabajo y desde la más profunda admiración, ya que seleccionar a tantísimas personas con una entrevista que no va más allá de los 6 minutos es toda una proeza.

Sí, creo firmemente que es una proeza, porque en ese poco tiempo ustedes ven si se encaja en ese perfil que buscan para ser buen reponedor, buen compañero de equipo, o buena persona que trabajará de la forma que sea necesaria sin arquear mucho las cejas. No sé, aquí estoy haciendo un poco de adivinador, porque el perfil que sea que busquen solo ustedes lo saben.

Entiendo, por el proceder conmigo, de enviar un “Gracias por su interés” un 25 de diciembre, que su trabajo le tiene agotado. Que su trabajo le ha insensibilizado de tal manera que le da igual romper de cuajo las ilusiones a cualquier persona enviando una notificación como sea el mismísimo día de Navidad.

Las tradiciones, nos gusten o no, están ahí para lo bueno y lo malo. A veces solo vivimos lo bueno de ellas, la parte positiva. Pero, en ocasiones nos toca vivir lo negativo y estos días para quien le toca vivir lo negativo son días muy largos y muy tristes. Durante una vida entera nos dicen que la Navidad es alegría y que solo podrán ocurrir buenas cosas. Que son días donde pedir deseos, de sembrar ilusiones que recogerás a lo largo del siguiente año, o incluso que un señor gordo, vestido de rojo, canoso y con una gran risa, te traerá una noche y te las encontrarás depositas en el suelo de tu salón.

Nadie te dice que, en ocasiones, lo que estará en el suelo de tu salón, serán esas mismas ilusiones destrozadas, rotas en mil pedazos, el mismo día de la Navidad. No, no me molesta que el Sr. Mercadona me haya rechazado, me molesta la insensibilidad. Me molesta, muchísimo, haber puesto ilusiones en un puesto de trabajo que veía de futuro, con la simple esperanza de poderme “independizar” y darles a mis hijos lo que necesitan de mis propias manos. Cosa que llevo intentando un año y medio, y que de momento no he conseguido avanzar más allá del punto de partida.

Muy señor mío, señor de recursos humanos de Mercadona, no sé cuál habrá podido ser mi ofensa para que usted me envíe este mail el día de Navidad. No sé, podría haberse esperado a hoy, 26 de diciembre, día de mi cumpleaños… que al fin y al cabo, al menos es un día laborable. A lo mejor, cumplir 38 años hoy, hubiese sido la ofensa. A lo mejor, no tener trabajo en el último año y medio fue la ofensa que a usted le pareció mal en mi entrevista de 6 minutos de reloj. No sé, he llegado a pensar que ante la pregunta: por qué en KFC estuvo solo mes y medio, y yo responderle que lo dejé porque mi hijo nació mal y estuvo a punto de morir y decidí que era mejor estar con él que trabajar, es la ofensa. A lo mejor, ustedes buscan personas más amantes de un trabajo que de su familia, pero así no soy yo. A lo mejor, el simple hecho de tener 2 hijos en custodia compartida, pudo ser la ofensa.

De verdad, yo si fuese usted me lo pensaría la próxima vez. Primero, que le hagan trabajar un 25 de diciembre me parece realmente asombroso. Pero, lo que más me asombra es que usted lo permita. ¿Piensa usted que va a heredar la empresa?

Lo que nos hace necesitar un puesto de trabajo… en el momento en el que usted, en la presentación de la empresa, dijo:
actualmente somos 82.500 empleados, pero oficialmente somos 79.500, lo que ocurre es que nuestro presidente se guarda en el cajón 3.000 por lo que pudiese pasar, me tenía que haber levantado y haberme ido. Sí, porque para ustedes los empleados solo son números que guardar, cuando quieren, en un cajón. Pero rechacé, en ese momento, al quedarme, mi máxima del máximo respeto a las personas (humanas), esas que ustedes gestionan desde su departamento. ¿Por qué son “recursos humanos”, verdad? Vergüenza me daría a mí, trabajar en recursos humanos de la forma que usted lo hace.

Reciba un cordial saludo

Fin de la historia. Ahora, a seguir buscando, a seguir con ilusiones de que el 2018 será un mejor año, en el que realmente pondré emprender mi idea que tanto me está costando realizar.

Feliz año a todas y todos.