No he sabido apreciar el café hasta hace poco más de un año y medio. ¿Por qué? No lo sé. Realmente el sabor amargo no lo he sabido apreciar hasta hace unos dos años. El apreciar el sabor amargo, así como el mal llamado «sabor» picante, solo se consigue educando el gusto por esos sabores. Por eso, la gran mayoría de la humanidad toma café y le pone un kilo de azúcar. Porque el café es amargo, el chocolate (el buen chocolate) debe ser amargo, los gintonics deben ser amargos, y si nos ponemos en el picante, ocurre tres cuartos de lo mismo.

Desde hace unas semanas, mis dos peques están con la canción de «papá, ya estás tomando café otra vez», «qué asco»… No, no lo han probado. No se me ocurriría dárselo. Pero entonces pienso cuando yo era pequeño. Y también el café me parecía un asco y no entendía como mi madre podía tomarlo. Entonces, alguna vez, ella decía, si tomáis café la tripa se os volverá de color verde. En fin, historias de niños.

La tradición de tomar café

Qué queréis que os diga. Me encanta el sabor amargo, no le pongo una pizca de azúcar porque al igual que el calor hace que no se aprecie el sabor de un vino blanco, el azúcar hace que no se aprecie el sabor de un café. Bueno, hay realmente muchas cosas que estropean el sabor de un café. Como por ejemplo, señores hosteleros, ese agua hirviendo que tienen las cafeteras de muchos bares y restaurantes que hacen lo que quemen, o lo mismo con el tostado torrefacto del café… ¡En fin!

Ahora, la mayor parte de mañanas se ha convertido en una tradición. Una buena tradición, levantarme y hacer el café. Y lo mejor es cuando el café es para dos. Levantarme de la cama y que ella haga el café le otorga, aún más si cabe, un sabor mucho más especial al momento de tomarlo. Ese momento es uno de los momentos del día en el que hay que pararse a pensar. Lo importante que es compartir con la persona que quieres y que has elegido para vivir el resto de tu vida momentos normales, cotidianos. Pensar en todos esos segundos que son tranquilos y que se pasan en común. Momentos que pierden significado solo por el hecho de repetirse cada mañana pero que al final de una vida son los más importantes. Tenemos la obligación de pararnos y pensar en cada segundo que nos regalamos, en cada mirada, en cada instante de compañía, en cada cruce de mirada, en cada roce de nuestra piel… ¿Cuántas veces hay una taza de café que presencia esos momentos?

Cata de café

Hace unas semanas me mandaron un café. En este blog, hace mucho tiempo que no hablo de productos si no hay un acuerdo comercial previo. Después, aquí, siempre explico que por hacer un post u otro se ha recibido una contraprestación económica a cambio. Este no es el caso. Me gustó la historia. Unos cultivadores de café de Nicaragua que se ponen de acuerdo para hacer llegar su producto sin los grandes intermediarios de este tipo de cultivos. El café, el chocolate, la vainilla y así muchos tipos de cultivos se ven afectados por precios abusivos de los intermediarios con el consiguiente empobrecimiento de las personas que deberían sacar provecho, los que trabajan el campo con su sudor.

Pues bien, bajo unos principios éticos del distribuidor, Loma Fría de Nicaragua, y porque la historia me llegó, acepté recibir el café y puesto que me ha gustado mucho, y a mi pareja también, quería mencionarlo en este post. Se trata de un café que cumple algunos preceptos para llegar al consumidor de la mejor forma. Un buen producto, respeto por el medioambiente, tradición en su cultivo y además llega en verde hasta Galicia donde se da el tueste al grano. El resultado, es el de la foto, un molido (en este caso, aunque supongo que se podrá pedir en grano y en diferentes grados de tostado) de color marrón clarito y el sabor es realmente sorprendete porque tiene un sabor suave, casi dulce para ser café (que es amargo) y no sé… Me gusta hablar de sensaciones, y la sensación es que da mucho gusto tomarse una taza de café.

El punto negativo es el envoltorio, desde mi modesta opinión, es un poco demasiado «gourmet» y no se percibe la historia que debe de haber detrás del café. No lo diferencia de otros, que en mi opinión, no tienen una historia de personas que sudan por obtener ese producto.

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