«La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, sólo la luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar el odio, sólo el amor puede hacer eso». Martin Luther King

La sociedad, nuestro entorno, nos prepara para esperar ser, tener, conseguir, determinadas cosas en la vida. Pero no nos prepara para cuando se pierde todo lo que se ha tenido. Nos preparan para crecer siendo felices, tal vez porque las desgracias cuando uno es pequeño se viven desde un prisma tan puro que no se perciben como tales.

Si me pongo a recordar cuando era pequeño las primeras imágenes que me vienen a la cabeza sin intentar ordenarlas es un día soleado en el Colegio Álcala, en Villaviciosa de Odón en Madrid, recuerdo el colegio vacío, yo corriendo y recorriéndolo entero, riendo, y un niño feliz.

También recuerdo a mi padre, a mi madre, a mis hermanos. Me podría poner a pensar y recordar una Navidad cualquiera en mi casa, todos juntos. El sentimiento que recuerdo es de seguridad, de fortaleza, de felicidad, de una inmensa alegría.

Recuerdo que a lo largo de mi niñez por supuesto haberlo pasado mal cuando veía que mis padres no lo pasaban bien. Este sentimiento es uno de los peores que recuerdo de cuando era niño y ahora se me multiplica en mi interior debido principalmente a que llevo un muy mal año. Hace un año me di cuenta que no había solución a mi matrimonio, a pesar de intentarlo durante seis meses más, el final fue el que ha sido y el que es. Y sé que probablemente mis hijos, especialmente Oriol no lo estén pasando bien por culpa de ver a su padre triste y apagado.

La sociedad nos preparar para esperar cosas buenas y solo en los momentos malos y siempre de forma individual tenemos que aprender a superar esos momentos y rehacernos a nosotros mismos.

La gente espera de un embarazo que sea maravilloso, de un parto que vaya todo genial, de unos estudios que acaben con la mejor nota posible, de un trabajo que no haya problemas, de una relación de pareja que sea feliz y llena de amor, de unos hijos que crezcan sanos y fuertes, la gente espera morirse primero ellos antes que sus hijos, pero el ciclo de la vida ni es feliz ni perfecto. Los embarazos, partos, estudios, relaciones sentimentales, hijos, vida… todo se puede truncar por el camino y lo que nadie espera podemos tenerlo delante de nosotros.

La felicidad al final solo es un estado mental producido el nivel de satisfacción que tengas con los elementos que integran tu vida. ¿Qué ocurre si no tienes salud, ni trabajo, ni una casa, ni el amor con el que querías haber envejecido, ni tienes a tus hijos todo lo que querrías y sabes que el futuro puede pasar por verlos aún menos?

Hay momentos en los que las respuestas a esa pregunta las tengo muy claras. Mentira, las respuestas me las sé. Conozco todos los caminos, conozco el manual al dedillo. Pero es el “cómo”, lo complicado. Es contra el cómo, donde hay que poner todos los esfuerzos.

Seguro que suena muy mal este post, pero llevo 8 días muy enfermo. Cada día, desde hace tres un poquito mejor. Así que mis energías están en mínimo y por supuesto la Navidad no ayuda en nada. Mi primera Navidad sin el proyecto de vida que has formado durante casi doce años. Son fechas, solo fechas, pero la sociedad nos prepara para entender estos días de una forma determinada y para pasarlos de un modo determinado. No nos prepara para…. esto que estoy viviendo en este momento.

Pienso en el futuro y me veo feliz, sé que el camino es largo y tendré que sacrificar muchas cosas. Pero tengo que hacerlo.

A pesar de todo, espero que seáis felices estos días y que 2014 sea un buen año para todas y todos.