Lo sé, es la receta que no esperabais encontrar después de tanto tiempo que no publico recetas. Pero bueno, hoy en día pienso más que nunca que el blog es una extensión más de uno mismo. ¿Por qué pongo una receta de fabada asturiana? Probablemente porque es una forma de empezar a introducir una serie de posts que tenía muchas ganas de escribir y que no sé cuántos saldrán: mis vacaciones… hay mucho que contar al respecto.

Vale, vale… ¡¡¡¿Pero qué tiene que ver una receta de fabada asturiana con mis vacaciones?!!! ¿Y las vacaciones con este blog? Si yo os contase realmente lo que iba a ser este blog antes de que, incluso, fuese blog, y en lo que terminó siendo… seguramente entenderíais que en mi blog fuese a entrar casi cualquier cosa. Y no ha sido así, basicamente, porque durante años he colaborado o trabajado creando contenidos en otros blogs donde lo principal de mi actividad eran las noticias, las curiosidades, algunos posts de opinión, restaurantes y muchas, muchas recetas “saladas”. Así “El Monstruo de las Galletas” se quedó para la dulce. Y ahora, la verdad, es que no hago muchas cosas dulces, pero no quiere decir que no vaya a hacerlas.

Por otro lado, la fabada asturiana es una de esas recetas que he aprendido a amar con el paso del tiempo. Empecé odiándola. Ya sabéis, los niños tienen esas pequeñas manías de no comer determinadas cosas simplemente porque no quieren, o porque su sabor es demasiado fuerte para el paladar, o porque la textura no les gusta. Hoy en día puedo decir que la fabada se ha convertido en una receta de lo más sabrosa, y cuánto más poderoso es su sabor más me gusta. Tal vez por eso a mi me encanta pasarme de largo en el chorizo y la morcilla. Pues bien, la fabada asturiana de hoy ha sido una prolongación “sentimental” de mis vacaciones. La tercera parte de las vacaciones he estado con mis peques en Asturias. Un lugar para mi muy especial a pesar de solo haber estado dos veces, pero es una tierra que uno siente muy dentro, en especial por todas las historias que he escuchado a mi abuela toda la vida.

Cómo hacer una fabada asturiana “Monstruo Style”

No, no hay que bailar el “gangman style” para hacer la receta. Tranquilos. Solo hay que tener unos buenos ingredientes y dedicarle tiempo y paciencia, y sobre todo darle mucho cariño. La fabada es de esa clase de recetas que uno aprende a hacer con el paso del tiempo, y aún así siempre podrás aprender a cogerles mejor el punto. Tal vez mi fabada no sea la mejor, ni la más escrupulosa, pero la verdad que a mi me encanta.

Ingredientes para 4 personas

1/2 kilo de fabes asturianas
2 chorizos asturianos
2 morcillas asturianas
1 trozo de panceta
(1 trozo de lacón) <- Yo no le he puesto Unas hebras de azafrán Sal (opcional)

Elaboración paso a paso

Ponemos a remojo en agua fría las fabes entre 8 y 12 horas serán suficiente. Se hidratarán, empezarán poco a arrugarse hasta que crecen por completo y se vuelven a hidratar.

Al día siguiente ponemos las fabes en una olla, y rellenamos con agua fría hasta unos dos o tres dedos por encima. Y ponemos a calentar. A medida que se va calentando van soltando espuma que iremos retirando. Cuando esté limpia añadimos la panceta, los chorizos y morcillas por encima.

A todo esto, cuando empiece a hervir, asustaremos la fabada tres veces. Es decir, empieza a hervir, añadiremos un chorro de agua fría donde esté el foco, y así tres veces. A su vez limpiaremos espuma si vuelve a salir después de añadir los chorizos y demás. Eso sí, la grasa la dejaremos…

Por último añadimos las hebras de azafrán y dejamos cocer a fuego muy lento y tapada la fabada. El hervor debe ser muy ligero, pero debe existir. ¿El tiempo? Es lo de menos… 3 o 4 horas aproximadamente. Depende el tipo de fabe y demás. Lo importante no remover para evitar que se rompan. Y después ir probando. Al tacto en la boca no debe sentirse la piel y tienen que resultar cremosas. No os fiéis de las fabes que aún estando blandas no resulten cremosa en la boca.

A final del cocido comprobamos la sal y si es necesario incorporamos un poco. Aunque por lo general casi ni hace falta, la carne aporta sal, y además suficiente sabor ahumado, potente, rico. La sal si se añade que sea justo al final y muy poca, como para ayudar a potenciar.

Vale, si la hacemos el día antes mejor. Y si nos queda muy caldosa podemos machacar algunas fabes, aunque soy de la opinión de que el caldo debe ser caldo y no algo espeso. Ah, y al final ya podemos desgrasar la fabada.

¿Y vosotras, cómo hacéis la fabada?