Mi hermano es uno de esos becarios que un día se fue de España a estudiar y hacer el doctorado, que un día intentó regresar a España a desarrollarse como profesional y donde no solo encontró crisis si no que encontró muchas miserias en el mundo académico de las universidades. Endogamia es poco, amiguismo sería ser benevolente, ineptos a cargo de departamentos sería ser suave… el resultado irse de nuevo. Pues bien, ahora está en York, sí, de donde es el «jamón de York», con sus estudios, sus clases, etc.

Hace unas semanas mi madre fue a visitarle y me trajeron, parece que me conoce bien, una caja de galletas. La verdad que si os vais de viaje y me traéis una caja de galletas tradicionales de donde hayáis ido me haréis el monstruo de las galletas más feliz del mundo. Y debo decir que por el momento son de las galletas de mantequilla más ricas que he comido nunca.

Bueno, en el paquete vienen tres tipos de galletas. Es un poco al estilo de las Walkers, ya sabéis las galletas de shortbread, que tienen algunas galletas que son menos tipo shortbread y más tipo galleta y que además las hacen con grosellas, chocolate blanco, negro, nueces, etc. Pues aquí igual, tenemos tres tipos en el paquete, chocolate negro, nueces, y las de mantequilla. Las últimas tienen un sabor muy intenso a mantequilla.

En el paquete destacan que son galletas hechas a mano con recetas tradicionales donde no usan colorantes ni aromas artificiales para preservar y recordar el gusto y la textura como las de antaño. En las galletas de chocolate y nueces utilizan dos colorantes naturales, la cúrcuma y la bixina (Wikipedia).

Imagino que allí será muy habitual que haya tiendas con estas galletas, en concreto se trata de unas que elabora una empresa llamada John Bull. Lo que no me gusta tanto es que vengan, las galletas, envueltas en plástico cada tres unidades. Creo que el estilo «hecho a mano» de estas galletas no lidia muy bien con el estilo «envuelto en plástico». Punto muy negativo.

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