El Gato, la Ardilla y el Pato están cocinando la mejor sopa de calabaza del mundo, solo le falta un poquito de sal. Pero resulta que no les quedaba por lo que tuvieron que ir a la ciudad a comprar. Entonces se les ocurrió una fantástica idea, la de añadir una piza de pimienta para hacerla aún mejor.
Así es como empieza el cuento que os traigo para hoy. Se trata de Una pizca de pimienta de Helen Cooper, la misma autora de otro cuento que os mostré hace un tiempo, Galleta para perros. Y que sin ser unos cuentos puramente gastronómicos si que acercan a los peques de una forma especial a la cocina.
Ya sabéis que como mi mujer es intolerante a la lactosa, desde hace poco tiempo, intento poner algunas recetas especialmente diseñadas para ella. Bueno, o al menos para que pueda disfrutar de cosas ricas como las galletas sin tenerse que tomar una pastilla de lactasa. Además, me encanta poner estas recetas por los mails que me mandáis algunos de vosotros dándome las gracias y sobre todo diciendo que las hacéis y que os gustan mucho.
Yo creo que ese fue uno de las cosas que mejor enseñan en la escuela de hostelería, y es el amor por hacer cosas que hacen feliz a otras personas. Creo que es el camino de todo buen cocinero que se precie de serlo, ser feliz a través de un camino, que no cuesta tampoco mucho recorrerlo, y que es el hacer cosas que hagan felices a otros. Y las galletas es lo mejor que conozco para lograrlo. Bueno que me pongo emotivo… ¡vamos al lio!
Hoy cumplo una deuda pendiente conmigo mismo al publicar esta receta de macarons rellenos de chocolate al 70%. No veáis la de veces que me he propuesto hacerlos y unas veces por unas cosas y otras por otras no lo había hecho aún. Pero bueno, la verdad que han sido dos cosas las que me han animado. Primero que recibí hace un mes un kit de productos de Lékué entre los que venía este kit para hacer macarons.
Y por otro lado, que dos grandes blogueras han puesto en el último mes sendas recetas de macarons. Por un lado Pam de Uno de Dos y SandeeA de La receta de la felicidad. Y es que no hay más que ver lo bien que les han quedado a ellas para animarse y hacerlos.
Hoy regreso de nuevo con una idea para los postres de Navidad. Y tal vez un poco arriesgada por la reticencia que tenemos, me incluyo, a comer helado en Navidad. Pero bueno, al final del post os pongo unas sugerencias para que la receta de helado de turrón de Jijona sirva como acompañante para algunos postres que sin ser navideños, en conjunto si que lo puedan ser.
Dicho esto, la verdad que todo me sirve como excusa para desempolvar la heladera que llevaba tiempo deseando hacer algo y no veía la oportunidad y sobre todo porque el helado debería ser algo que consumir todo el año.
Este año he querido felicitaros la Navidad con un pequeño montaje en vídeo de las fotos del día que pusimos el árbol. Lo he narrado yo, hasta los 10 primeros segundos. En seguida el peque ha querido coger el ritmo del vídeo y ha puesto el texto él (que va, he sido yo, como si fuese él…tonterías mías). ¡Espero que os guste!
Receta de magdalenas, así, sin más. Las de toda la vida, con la única diferencia que las he hecho grandotas, bien grandotas. En tamaño muffin, pero sabor y textura de magdalena.
Algunas veces nos olvidamos de las cosas que se hacían en casa antes, nuestras madres, abuelas… para desayunar, merendar o cenar con un vaso de leche. Y que se hacían precisamente por una única razón, porque no se tarda tanto y el resultado es el mejor que hay: el hecho por uno mismo.
Los que me seguís en mi día a día de las redes sociales sabéis que la gastronomía japonesa me encanta. Bueno, hasta el punto que estoy dando clases de japonés desde hace un mes. Sin ánimo de nada, vamos que mi madre esté tranquila que no me voy a Japón a vivir. El caso es que hace unos días me sugirieron una oferta para comer en un restaurante japonés de Groupon. En fin, que mi escaso tiempo me impide ir a todos los restaurantes que quisiera así que me limito a hacer recetas tan ricas como este mousse de matcha.
De hecho, si lo recordáis, este verano hice una receta de helado de té matcha, y como os dije, hay que utilizarlo con cuenta gotas (expresión singular en cuanto el matcha es té verde en polvo, y no en líquido) porque es carísimo, tanto que de momento solo he hecho un par de recetas, y curiosamente nunca un té. Le tendré que decir a mi profesora de japonés que nos enseñe algo sobre la ceremonia del té, y os lo cuento otro día.