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Masa base para bollería. Receta de suizos

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En una ocasión hice una receta de suizos sin lactosa. Ya veis, no tiene mucho mérito las cosas “sin lactosa” por lo general porque casi siempre consiste en sustituir mantequillas por margarinas o leche de vaca por leches de soja o similares. El resultado no es igual, es similar a las recetas originales. Así que hoy he querido darle un enfoque nuevo a una receta de bollos suizos, explicando la receta base que podemos utilizar para hacer bollería en casa y a partir de esta y con difentes terminaciones podemos hacer muchos, muchos, muchos bollos, como por ejemplo estos suizos.

Pero antes dos detalles. El primero es que a mi hijo, Oriol, le han encantado los bollos y eso me hace muy feliz porque la verdad que es un niño que desde siempre nos ha costado mucho que pruebe cosas nuevas. De hecho, con 6 años que tiene aún no ha probado el helado (ni una “miajita de naa”). Daros cuenta de lo feliz que me hace que le guste lo que cocino.

La segunda razón de esta receta, es realmente la primera, el por qué los he hecho. El fin de semana pasado, comiendo en casa de mi suegri, salió el tema de la bollería tradicional gracias a unos bartolillos que compró en la pastelería El Pozo. De los cuales dicen que son los mejores de Madrid. Y entonces, comentó que los suizos son de los bollos preferidos de María. Aunque a mi el tema bollería no es que se me de muy bien (las terminaciones, formas…), soy más de hacer cosas casi grotescas, lo que las hace divertidas y originales, ya había hecho suizos en algunas ocasiones (en la Escuela de Hostelería, en un hospital en el que trabajé y dos o tres veces en mi casa), así que le prometí que se los haría. Y prometido y hecho… con toda mi dedicación para ella.

Disclaimer. Sobre las fotos, seguro que habéis notado en los últimos posts que las fotos no son como las que siempre he puesto en el blog. La explicación es que mi vida tampoco es como era antes. Ahora no tengo tanto tiempo para dedicarle a ciertos aspectos del blog y mientras he preferido volver a contar cosas de mi vida a la vez que las recetas, también he decidido que las fotos deben reflejar mi estado actual.

Me interesa cocinar, dedicar tiempo a mi y a los que quiero. No me interesa hacer las cosas bonitas y superficiales para que queden preciosas en el blog. Es por este motivo que ni hago mil fotos del paso a paso, como hacía antes, ni preparo una foto de presentación. De hecho, mi cámara principal es el móvil. Más rápido, intuitivo y de, por supuesto, qué se le va a hacer, peor calidad.

Pero hay que ver las fotos desde este punto de vista. Son así, porque así soy ahora. Para mí son perfectas tal y como están porque reflejan lo que quiero que reflejen. Y como es algo tan subjetivo y personal he necesitado explicarlo para que se entienda.

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Pizza de pepperoni y champiñones más una ensalada de mozzarella y tomate

pizza pepperoni

¿Qué sentido tienen las dos recetas de hoy (Pizza de pepperoni y champiñones y una ensalada de mozzarella y tomate)? Las hice la semana pasada, las hice para ella, para ti. El otro día le conté que solo siento satisfacción y disfruto plenamente de la cocina cuando lo hago para otros. Podría comer, si lo hiciese solo, todos los días macarrones con aceite o cosas similares. Es decir, que no me importaría comer cosas aburridas si son para mí. Pero cuando cocino para otras personas, ya sean platos elaborados o recetas sencillas, me encanta hacerlo y disfruto como un enano.

¿Cómo lo hago? Mientras preparo los ingredientes, mientras elaboro la receta, incluso mientras sirvo la comida en cada plato, pienso tanto en el grupo de personas que vienen a comer a casa, como en cada persona de forma individual. Pienso en ellos de una forma especial, cada uno como se merece. Con cariño, con respeto, con amor, con distancia o con cercanía. Esto no es un post sobre “Como agua como para chocolate”, es mi realidad.

Ahora mismo estoy viviendo una época de mi vida muy extraña. Tengo motivos sobrados para estar más que preocupado por mi futuro, también tengo motivos más que sobrados para estar feliz. Y lo extraño no es esta dicotomía de vida, lo extraño es que no me parece estar viviendo montado en una montaña rusa de momentos buenos, muy buenos, malos y muy malos. Estoy en un momento crucial de mi vida, muy a corto plazo se tienen que solucionar diferentes problemas:

  • Me han despedido del trabajo y sin derecho a paro.
  • Con mi pareja hemos pasado un bache del que, estoy seguro, hemos salido mejor de lo que estábamos. Sabiendo, que por supuesto, hay que trabajar muchas cosas. Ahora y siempre.
  • Firmar un documento que pone fin a otro documento. El segundo, que fue el primero en su día, no significo mucho. El que tengo que firmar ahora, sí que significa mucho.
  • El final de una vida parece que se aproxima. A una persona que ha sido muy importante en mí vida.
  • A la vez estoy poniendo en papel todas mis ilusiones acumuladas en los últimos años. Ilusiones acumuladas en mi mente, ilusiones que quiero transformar en una profesión, en un futuro para mí y mis hijos y también para la mujer que está a mi lado.

Y así es como me siento, navegando a la vez con cosas duras y tristes y con una idea muy fuerte y positiva que se reduce con una frase: “Do what you love”.

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¿Empezamos o continuamos? Además, un estofado de ternera con “Angêlus”

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Hablando, hace unos días, con una amiga yo le decía que hoy en día es difícil pensar en un trabajo en el que te vayas a jubilar. Creo que con la crisis que estamos viviendo, aunque Rajoy & Co., quieran hacernos creer que esto ya se ha acabado, hay realidades que han cambiado para siempre.

Nunca volveremos a tener una educación como la de antes (mejor dicho, nunca hemos tenido una educación como tuviese que haber sido), nunca tendremos una sanidad pública en condiciones, aunque la privada sea todavía mucho peor (en especial porque con la sanidad no se puede crear un negocio, y todos “estos” lo están consiguiendo). Y nunca tendremos un mercado laboral como el de antes. En muchas cosas para bien, en otras muchas para mal. Las que han empeorado son las que me preocupan hoy en día.

Aquí iban dos párrafos donde crítico con pelos y señales las actitudes de mis exjefes, me despidieron el viernes sin derecho a paro después de casi un año de duro trabajo. Donde digo lo que me parecen y lo que no, pero en una segunda edición del post he decidido eliminarlos. No se merecen que les dedique más tiempo en mi cabeza. Tengo que buscar trabajo, así que si sabéis algo de trabajo relacionado con el mundo del Social Media, seré todo oídos para mandar mi CV a la de ya.

Tengo motivos para ser feliz ahora mismo. Tengo dos hijos que son increíbles (claro, son mis hijos). Tengo una pareja que sé que está ahí y que me apoya y me entiende. Pero sobre todo, sé que lo que venga en el futuro con ella será muchísimo mejor que el pasado que llevamos, y creo que hasta el momento ha sido algo maravilloso. Tengo motivos para ser feliz porque se abre ante mí un mundo en el que tengo que volver a empezar, o volver a continuar (título del post).

Si me atengo a mi vida, siempre ha sido un continuo volver a empezar, y siempre que lo he hecho ha sido en mejores condiciones que lo que tenía hasta el momento. Es cierto que en cada momento de la vida en los que he tenido que volver a empezar he pasado por situaciones difíciles. Hay quien lo llama reinventarse, yo me refiero a esto como volver a empezar, pero realmente es un continuar.

Continuaré luchando por darles un futuro a mis hijos, continuaré luchando por tener un futuro con mi pareja y sobre todo continuaré luchando por conseguir mis propios objetivos y fines. Los tengo, sé cuales son, ¡lucharé por ellos! Siempre lo he hecho.

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Receta de tarta de queso para un día cansado…

tarta de queso

Esta tarta podría llamarse: receta de tarta de queso New York. Pero el verdadero nombre es que es una receta de tarta de queso para un día cansado… Para que cuando llegues a casa te hagas un poco de café, te pongas la bata, estés calentita y disfrutes de un momento de paz y tranquilidad después de un duro trabajo.

En este blog he dicho muchas veces que no es el qué cocinamos, si no el cómo. El día que hice esta tarta tu estabas en medio de una guardia difícil, como casi todas las que tienes. Y la hice con la intención de que hicieses reset al llegar a casa. Hoy, estás de guardia de nuevo, pero yo no puedo hacerte lo que me gustaría, tampoco puedo decírtelo del modo que me gustaría. Tal vez por eso, cuando uno empieza a entender cosas recuerda el porqué inicié en 2009 este blog. Este blog solo ha tenido sentido para mi cuando he podido contar mi vida a través de la razón de ser de lo que he cocinado.

Hoy, mi blog me ha descubierto muchas cosas. Y quiero decirte que lo entiendo y que tienes razón. Pero no por pensar que estoy equivocado, si no porque creo que a veces la vida nos enseña que debemos escuchar y que merece la pena esperar.

No, no quiero que este post suene triste porque aunque mi corazón lo esté, y lo está por dos razones, una razón soy yo. Otra razón eres tú. Este post es feliz y es para decirte que entiendo algunas cosas. Es para decirte que tengo esperanza de que al final todas las piezas encajarán y que como en los puzles, cuando uno ya no encuentra cómo encajar las piezas y deja pasar un tiempo todas las piezas terminan por encajar rápidamente. Ese es mi deseo porque un puzzle no se deja sin terminar después de haber pasado tantos momentos intentando construirlo.

Desde pequeño he sido de una forma de ser complicada. Es una forma de ser que mucha gente no entiende, ¿cómo me van a entender si, incluso, muchas veces no me entiendo yo mismo? Recuerdo luchar contra todo a lo largo de mi vida. De pequeño contra los niños mayores que se metían con mi hermano, por sus diferencias. Recuerdo luchar contra mis tíos cuando no me dejaban participar de cosas de la familia y por aquel entonces yo era “el último mono”.

La verdad, nunca he sido muy hábil en las relaciones sociales, a pesar de tener miles de conocidos y de que en numerosas ocasiones se me haya reconocido de algún u otro modo. Pero reconozco que soy de tener muy pocos amigos, no lo sufro. He aprendido a ser quien soy, a pesar de lo que os he comentado ya, que muchas veces no entiendo el porqué de mi forma de ser, no entiendo cuando mi cerebro me dice que tengo que hacer algo para no seguir cagándola, y mi boca y la expresión de mi cuerpo hacen todo lo contrario para terminar cagándola.

¿Sabéis? Llevo muchos años pensando que he perdido el tiempo. Sí, lo pensaba cuando empecé a estudiar Ciencias Políticas en la UNED. Pensé que después de que mi padre se muriese, estaba perdiendo el tiempo estudiando Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. He pensado que he perdido el tiempo muchas veces en mi vida: trabajos, estudios, etc. Eso es una sensación que me ha acompañado durante mi vida adulta, pero he de deciros que el tiempo, al final, me ha demostrado que nunca lo perdemos, que siempre estamos a tiempo para hacer todo lo que nos propongamos.

La primera gran oportunidad que tuve en mi vida para demostrarme que no es tarde … “si la dicha es buena” … fue cuando decidí dejarlo todo y empezar a estudiar Restauración en la Escuela de Hostelería de la Casa de Campo de Madrid. Mucho antes también tuve que tomar una decisión, irme de casa a vivir con la que, años después, sería la madre de mis hijos, con la que he compartido parte de las grandes cosas que me han ocurrido en mi vida y a la que le agradezco muchísimas cosas que me han ocurrido gracias a tener su apoyo para conseguirlas. Tal vez, en ese caso hicimos un puzzle que no tenía más extensiones y cuando terminamos de hacerlo, las reglas de nuestra vida cambiaron.

A veces, hay que dejar las cosas sin terminar. Pero sé que hay otras muchas veces que hay que esforzarse por seguir construyendo para ver a dónde nos lleva. Si nos lleva a conseguir más piezas que colocar en el puzzle de nuestras vidas. Las piezas del puzzle son momentos de nuestras vidas, a veces no encajan en un momento determinado pero el tiempo, nuestra propia evolución, hace que terminen encajando.

En la vida debemos equivocarnos, debemos demostrar que tenemos diferencias, debemos probarnos a nosotros mismos y descubrir, con ello, que hay cosas que debemos cambiar. Que no somos perfectos, o que todo lo contrario, somos perfectos porque somos imperfectos. Somos imperfectos porque con la imperfección aprendemos a mejorar.

Mi tarta de queso es como mi vida. No es perfecta, pero la hice con todo lo que tengo, con mis habilidades y con mi sentimiento. Hasta aquí, mi receta de lo que ha sido mi vida. De lo que sea a partir de ahora, no lo sé… solo espero aprender y que con el aprendizaje pueda ser mejor persona.

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Aperitivo de hojaldre con queso para Navidad

Palitos de queso hojaldre

La Navidad está a la vuelta de la esquina y uno de los platos principales de cualquier comida o cena navideña son los aperitivos. Seguro que todos opináis lo mismo, ¿verdad? Bueno, pues ahí entra la receta de hoy. Es una receta sencilla y muy rápida de hacer, principalmente porque vamos a utilizar hojaldre ya preparado. De esta forma ahorramos muchísimo, además esta es una de las elaboraciones más complicadas de la repostería, así que tenerlo en el supermercado es toda una ventaja.

Para hacerlo podemos utiliza masa de hojaldre de La Cocinera. Esté está hecho con muchas capas finas y consigue que qude crujiente y ligera. Vamos, lo mejor que se le puede pedir a un buen hojaldre. Además de este aperitivo se puede preparar tartas (uhmmmm, una rica tarta de manzana con hojaldre…), y otras muchas cosas, tanto dulce como saladas. En fin, no habrá receta con hojaldre se escape.

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