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Mi consejo: no volar nunca con Vueling porque alguien te #robing

Sí, lo habéis adivinado. Esta semana no hay receta, por el momento. Lo que hay es una crónica de lo que me ocurrió hace dos semanas al volar con Vueling a París. Sí, mis primeras vacaciones en bastante tiempo. Además, mis primeras vacaciones con María. En fin, un viaje muy especial y donde cada parte del mismo debe ser perfecto para que todo vaya redondo. Sí, el vuelo, las compañías aéreas también deben hacer su parte en crear una experiencia, si no perfecta, al menos que no se recuerde, ni por buena ni por mala, con posterioridad al viaje. Y este no ha sido el caso, mi consejo es que nunca voléis con Vueling, que evitéis esta compañía aérea siempre que podáis.

El pasado 8 de diciembre volamos con Vueling, el retraso de una hora es, incluso lo de menos, nos daba igual, puesto que para nosotros era lo suficientemente alegre el motivo del viaje y nada podía joderlo. Así de claro. Bien, vamos con nuestro equipaje de cabina más un bulto de menor tamaño. En mi caso era una bolsa de fotografía de Canon en la que puse:

  • Mi Canon EOS 450 D.
  • Un objetivo de 50 mm 1.8.
  • Otro objetivo macro 100 mm sin estabilizador (el anterior al que hay ahora en el mercado).
  • Mi otra cámara compacta, una Lumix Lx5.
  • Dos baterías externas para cargar el móvil, entre las que estaba esta Mophie.
  • Un cable y cargador de iPhone5.
  • Una cámara de vídeo, con la que he hecho por ejemplo esta receta.

¿Qué ocurrió? Que por despiste (sí, por mi culpa) me la dejé debajo del asiento, en el lugar destinado a dejar pequeños bultos, como mochilas y demás. Me di cuenta nada más llegar a la terminar de recogida de equipaje del Aeropuerto CDG de París y nos pusimos en contacto con el personal de tierra del aeropuerto encargado de reclamaciones de equipaje. El hombre, muy majo y amable, Michelle, hizo mil llamadas hasta que consiguió ponerse en contacto con el personal del avión. Sí, consiguió hablar con ellos y les pidió lo que suele pedirse que alguien acercarse la mochila a la terminal.

Desde el avión le confirmaron que la mochila estaba donde yo dije que estaba, debajo del asiento 28D. Y ahí, la cara de sorpresa (cara de sorpresa que el trabajador de Vueling con el que hablamos a la vuelta se repetirá) del propio señor del aeropuerto. Le dicen desde el avión que por “motivos de seguridad” no pueden devolverme la mochila y que se tiene que volver a Madrid con ellos. Inexplicable, en palabras del propio Michelle. Ya que si bien, a lo mejor no podrían llevarla en ese momento, lo que se suele hacer en el caso de que se olvide algo en el avión es dejar el equipaje olvidado allí donde se produce el olvido. En este caso, en París.

Desde el avión, además, indican, que para poder recuperar en Madrid la mochila con las cámaras tengo que poner una reclamación a través de la página de Vueling. En fin, nosotros nos quedamos perplejos. Llamamos a atención al cliente de Vueling desde el mismo aeropuerto de París, me dicen que allí es solo para gestionar el programa de puntos y me facilitan el del departamento de equipajes. Llamamos y si no hay expediente abierto no pueden hacer nada y que lo tengo que poner desde la web de Vueling.

Doy de alta una tarifa para poder navegar desde el móvil en Europa. Me conecto desde el iPad de María, ya que desde el móvil la versión de la web que te ofrece no tiene la sección de equipajes. Cuando consigo llegar a esa sección me pide un número de PIR, número que te facilitan cuando abres una reclamación. Vamos, la pescadilla que se muerde la cola. Vuelvo a llamar al 902 de equipajes de Vueling y me facilitan un correo electrónico al que dirigirme, un correo electrónico de Iberia. Y me dicen que me llamarán para indicarme los próximos pasos. Esta gestión, todo esto que he contado ocurre en la siguiente hora a bajarnos del avión y nosotros ya en un tren camino a París.

Pasan los días en París sin que me llame nadie de Vueling y con la duda de qué habrá sido de mis cámaras y demás.

Volvemos el 12 de diciembre a Madrid y directamente nos dirigimos al puesto de equipajes que tiene Vueling en la T4 de Barajas. Allí le explicamos al chico que atienen el puesto todo lo ocurrido. Es decir, hasta este momento le relato todo lo que he escrito aquí. La cara de perplejidad del chico es alucinante.

Nos dice, para empezar, que en ningún caso la mochila se tenía que haber vuelto a Madrid, que debía de haberse quedado en París y nosotros haberla ido a recoger unas horas después o al día siguiente al aeropuerto si es que en ese momento no podían acercarla. Que aún así lo suyo hubiese sido, y más habiendo hablado con el avión, que la hubiesen acercado en ese mismo momento o haberla dado a alguien de landing del aeropuerto para que la hubiesen acercado a la terminal.

Para continuar me comenta que el correo electrónico que me facilitaron solo se da en los casos en los que no se encuentra el equipaje después de 5 días de pérdida.

Para terminar me dice, que allí no lo tienen y que además no tienen registro de nada de lo que comento. Eso ya nos huele, mal no, fatal.

Finalmente se le ocurre llamar a un almacén que tiene Iberia en la planta de arriba a ellos pero nos dice que supone que no lo tendrán porque en ese caso ellos deberían tener constancia de lo ocurrido.

Llama y WOOOO, ¡la tienen! Va a buscarla y cuando vuelve la abrimos y descubrimos que… ¡¡¡¡¡me han robado!!!!! Me faltaba todo lo que no es marca de Canon, es decir la Lumix LX5, las dos baterías externas de móvil y el cable del iphone5 (por lo que tuvimos que comprar otro nada más llegar a París). Es decir, ¡¡¡me han robado unos 700 euros!!! Un robo que se ha producido desde el avión de Vueling hasta el almacén de Iberia. En la hoja de registro del almacén de Iberia solo registraron lo que me devolvieron.

La persona o personas que hicieron el robo bien lo hicieron ya que… ¿cómo demuestro yo que estaba en la mochila todo lo que digo que estaba? De hecho, es evidente que la persona o personas que cometieron el robo sabían que yo tenía la palabra del personal del avión de Vueling de que habían encontrado la mochila y que la devolvían a Madrid. Es evidente porque robaron todo el material que no era de Canon, supongo que pensando que yo no podría demostrar que había más cosas de Canon (recordad que la mochila era marca Canon). Por otro lado, cogieron, supongo que lo ellos pensaban que era de menos valor. Sí, era de menos valor, pero aún así son 700 euros. En la mochila en total había casi 2.400 euros de valor.

Vueling debería aclarar si siguieron el procedimiento adecuado en estos casos. Si devolver la mochila a Madrid, en lugar de dejarla en París era lo correcto o no.

Vueling debería aclarar el porqué desde el avión se da como excusa “motivos de seguridad” para no devolver la mochila en el momento.

Vueling debería aclarar qué persona o personas son por las que pasa la mochila desde el avión de Vueling hasta el almacén de Iberia y realizar una investigación de quién pudo robar los objetos.

Vueling debería aclarar el porqué no hay constancia de registro de la llegada de la mochila en equipajes de Vueling de la T4.

Vueling debería aclarar el porque no recibí llamada en contestación a mi reclamación vía mail.

Sí, yo me olvidé. Sí, el equipaje que va en cabina no está facturado. Sí, tengo todas las de perder. Sí, voy a luchar lo que haga falta porque Vueling me pague lo que me han robado.

De hecho, además de reclamación por escrito el día 12, que aún no han contestado. Además de reclamación por Twitter, donde se han lavado las manos. He puesto una denuncia en comisaría del aeropuerto de Barajas. Denuncia que no servirá de nada.

No al #robing de @Vueling.

Reflexiones de un mal año

“La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, sólo la luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar el odio, sólo el amor puede hacer eso”. Martin Luther King

La sociedad, nuestro entorno, nos prepara para esperar ser, tener, conseguir, determinadas cosas en la vida. Pero no nos prepara para cuando se pierde todo lo que se ha tenido. Nos preparan para crecer siendo felices, tal vez porque las desgracias cuando uno es pequeño se viven desde un prisma tan puro que no se perciben como tales.

Si me pongo a recordar cuando era pequeño las primeras imágenes que me vienen a la cabeza sin intentar ordenarlas es un día soleado en el Colegio Álcala, en Villaviciosa de Odón en Madrid, recuerdo el colegio vacío, yo corriendo y recorriéndolo entero, riendo, y un niño feliz.

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Mars y Snickers en batido y una pequeña teoría surrealista sobre la vida

Batido de Mars y Snickers

Cuando vi por primera vez estos batidos de Mars y Snickers fue en Inglaterra y dije para mi, “esto solo pasa aquí” y supongo que en Estados Unidos. Aunque fijo que en España también hay algún antro donde lo venden. A pesar de eso y de mi curiosidad no lo compré. Eso sí, fui explícitamente a comprarlo un segundo día al mismo super. Me dije: tiene que ser mío, y total como ya iba pasado de equipaje y tuve que pagar una segunda maleta me daba igual.

Cuando uno toma este tipo de cosas es consciente de que la vida se acorta, o al menos eso es una impresión que tengo. Es decir, cada vez que abusamos en calorías, azúcares, hidratos de carbono, grasas, y todas esas cosas que, y con perdón, están tan cojonudamente buenas, sé, tengo la convicción de que nos estamos quitando días de vida de encima. Supongo que un fumador también lo sabe y no por ello deja de fumar de golpe.

Después me vienen a la cabeza todos aquellos informes, todas aquellas noticias sobre que cada vez hay más niños con obesidad. Sí, no solo con sobrepeso, si no con obesidad.

En Estados Unidos, de 1976-1980 a 2007-2008, la prevalencia de obesidad se incrementó de 6.5 a 19.6 % en los niños de seis a 11 años de edad y de 5 a 18.1 % (3.6 veces) en adolescentes de 12 a 19 años.1 En España, el estudio enKid,2 realizado en individuos entre los dos y 24 años de edad, indicó 26.3 % de sobrepeso y obesidad.

Actividad extraescolar y obesidad en los niños.

Sé que mi blog, precisamente, no ayuda a que no exista la obesidad, aunque tampoco creo que ser parte del problema. Yo mismo demuestro que se puede tener un cierto tipo de alimentación más cargada en carbohidratos y a la vez no engordar si se acompaña de una alimentación sana en más factores y sobre todo de deporte habitual. En fin, los análisis y el peso están ahí.

Pero fue precisamente este verano en mis vacaciones en Inglatera cuando vi ciertas cosas que me alarmaron mucho y que a cierto nivel y cierta escala son modelos que se están repitiendo también en España. Primero cómo comen los ingleses. Yo no voy a venir a descubrir aquí que comen fatalmente mal. El desayuno bien temprano y abundante, genial, ahora si no se come todos los días el breakfast tal cual, porque entonces mueres de colesterol a las dos semanas. Después, y desde las 11.00 del mediodía hasta las 17.00 horas aproximadamente mires a donde mires y veas lo que veas, solo hay una cosa que se repite de forma constante: gente comiendo por la calle.

Sushi, fish&chips, hamburguesas, tacos, sándwiches, y miles de cosas de comida rápida que comen rápidamente y sin aliento. Pero en una ocasión me alarmó algo: los fish&chips. Estaba con mi hermano en uno, porque ya que voy pues hay que probarlos, ¿no? Pues nada, delante una madre y sus dos hijos de unos 7 y 9 años. La niña le pide poder echar la sal ella, y añadió kilos de sal. Después la madre la regaña porque parece que no le estaba poniendo suficiente, se lo quita de malos modos y siguió añadiendo toneladas de sal. Y bueno, después el vinagre, un par de litros, que no está mal.

Pero es que si hay una imagen junto a esta del abuso de la sal y de la comida rápida que ya os he contado es el abuso de bebidas azucaradas por parte de los ingleses. Es imposible salir y no ver a niños pequeños (3 o 4 años), y por supuesto a personas de todas las edades bebiendo bebidas energéticas. Sí, bebidas que un deportista se puede tomar después de hacer un esfuerzo prolongado durante una hora y no siempre uno se las toma porque es un chute de carbohidratos y azúcares que ni es saludable ni nada por el estilo. Pues allí, y con vidas sedentarias no vi ni una sola persona bebiendo agua mineral por la calle, lo habitual eran bebidas… asquerosamente calóricas.

Bueno, y todo esto, porque mi teoría es la que es, y es que estamos muy vacíos en nuestro interior y vamos a lo que nos da placer inmediato y rápido, un subidón a corto plazo. Sin embargo la buena alimentación no nos da ese subidón. Hay que luchar con fuerza, mucha fuerza por cambiar nuestro propio estilo de vida. No estoy hablando de salir y cambiar la forma de comer de la gente, mirate a un espejo y sé consciente de lo que comes todos los días. Y no solo de lo que comes, si no de la cantidad qué comes. ¿Cuántas de lo que ingieres todos los días sobran? ¿De qué calidad son las calorías que ingieres? Repito, hay que ser conscientes de lo que comemos, casi del mismo modo que llevamos con naturalidad acordarnos de dónde vivimos, cómo nos llamamos o cuántos años tenemos.

La comida, la alimentación, debería ser una asignatura obligatoria en la escuela, desde que somos pequeños hasta que somos mayores. En ese punto, España sí que sería una revolución en el panorama gastronómico internacional.

P.D.: Sí, dos botellas 2 libras. Sí, la de Mars sabe a Mars y la de Snickers sabe a Snickers.

“Deja sitio para el postre” o como ser esclavo en el S.XXI

Te voy a alimentar y vestir

Te voy a alimentar y vestir

Hace unas semanas mi amiga Esperanza me escribe por el gtalk y me pone un enlace a una página de Cuatro donde anuncian un nuevo programa donde piden gente que les guste hacer postres y que estará dirigido por el famoso Paco Torreblanca, Deja sitio para el postre. Y me pone, “Te tienes que presentar, que seguro que te cogen!!!” Bueno, o algo similar. Y yo, que la verdad llevo un tiempo desanimado, con mis cosas en mente, con una especie de reset general a todos los círculos de mi vida: sentimental, laboral, familiar, amistades… decido presentarme. Nunca he creído es los “Talent show” y mucho menos de los gastronómicos, aunque confieso que son la mar de divertidos por la cantidad de veces que puedes usar el sacapuntas para despellejarlos por Twitter.

Que conste que este post lo escribo cargado de mucha indignación y confesando que soy en buena parte culpable por pecar de ingenuo en un principio. Pero una cosa no quita la otra. Ahora iré desvelando la causa de mi indignación a tres días del inicio del casting donde saldrán los concursantes para un programa que se va a parecer mucho a una especie de Gran Hermano de la pastelería y la repostería.

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La burbuja blogger “según yo”

cc spatulated

Hoy me vais a disculpar, puesto que no traigo una receta hipercalórica como venían siendo tradición últimamente. Así que podéis seguir con las dietas y la operación bikini, que no queda nada para lucir tipos en la playa. Hoy de lo que se trata es de hacer un ejercicio intelectualoide a más puro estilo yo me lo guiso yo me lo como. Y me he permitido utilizar casi el mismo título que ha puesto David Monaguillo en su artículo de hoy en La Tribuna de Salamanca, La burbuja blogger.

El bueno de David ya sabe perfectamente lo que opino al respecto, de hecho creo que mucha gente sabe lo que opino al respecto, esto de que los bloggers se hayan/nos hayamos convertido en indispensables en los objetivos de comunicación y marketing de las marcas. De hecho, no es el post de David el que me ha despertado las ganas de escribir estas lineas, son algunos comentarios los que me han dado energías para hacer esta entrada.

Definición de marca “según yo”. Una marca puede ser una empresa de alimentación, un restaurante, un producto, una salchicha, un kiosco de helados, un caramelo, etc.

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