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Mi abuela. 21 de julio de 2015

abuela

(En la foto, mi abuela con mi hermano hace unos 5 meses)

Recuerdo que siendo pequeños nos contabas historias de tu vida, como por ejemplo la de la cicatriz de tu niñez hecha por un hermano tuyo con una hoz de labriego. Recuerdo siendo pequeño que me gustaba tocar tu piel. Una piel que había pasado tantas cosas en una vida de auténtico esfuerzo. Nadie te regaló nada y tú sola fuiste capaz de tener una pequeña gran familia. Para pasar todas las penurias que tuviste que pasar debías tener un corazón muy duro pero supiste tragar con todo para mostrarte como una abuela con todas sus letras en mayúsculas y cosidas en oro en mi corazón.

Para mí has sido mucho más que una abuela, has sido una madre que ha estado siempre presente, nunca me has faltado… al menos hasta la cruel e inesperada muerte de papá, tu hijo, nos sumió a todos en la dificil decisión de elegir un nuevo camino en nuestras vidas.

Ira, rabia, desesperación, frustración, soledad

Ese camino nos separó, y a pesar de cómo fueron las cosas, puedo asegurarte casi 15 años después, que te quiero mucho y que siento tu perdida como la de una madre. Ojalá no hubieses decaído tanto en tu enfermedad, en tus olvidos hasta el punto de no reconocernos nada más que de una manera fugaz. Seguro que hubiésemos podido hablar años después de los motivos que tuvimos unos y otros para tomar las decisiones que tomamos entre ese fatídico 2 de octubre en el que papá se murió delante de mis ojos sin yo poder hacer nada más que gritar con desesperación. Gritos que aún resuenan en mi interior. Hasta ese 4 de diciembre en el que mi vida cambio para siempre y desperté de un sueño infantil para despertar en una realidad sin ningún tipo de apoyo familiar, de esa familia que antes se mostraba unida en torno a una comida de sábado.

Tal vez de unas palabras que deberíamos haber tenido y que no hemos tenido hubiésemos podido sacar algún tipo de descanso. Algún desagravio mutuo y un perdón que nunca nos llegamos a dar. Ni tu a mi, ni yo a ti. Pero al final siempre has sido mi abuela, mi madre, y yo tu nieto, ese amor siempre ha estado ahí.

Hoy, me siento huérfano. Me siento solo. Siento que me vuelve a faltar algo en mi vida que me ha marcado mucho. Siento que estoy solo porque incluso quien se supone que me quiere se han mostrado incapaces de darme un único abrazo. Un abrazo que diga, “ven, no pasa nada, todo pasará… no te dolerá más”.

Los padres no deben dejar solos a sus hijos nunca. Los hermanos mayores debería preguntar a los menores cómo se encuentran directamente. Deberían ser el paraguas de la tranquilidad y la paz que todos buscamos y necesitamos. Las abuelas son la punta de la pirámide que lo mantienen todo unido. Y ahora siento que ya no hay más unión.

¿Quién mide la inmadurez de las personas? ¿Quién dice que un error es peor a otro? Pedir perdón es importante y cuando se da, cuanto menos, hay que acudir a la llamada solitaria de la necesidad de cariño y amor de quién pide perdón. Pero los errores que cometemos no son nada más que consecuencia de una vida llena de momentos de dolor y desesperación. Yo, Daniel, me he encontrado solo una multitud de veces. El niño pequeño que llevo dentro y que es el que explota cuando no me quedan más recursos necesita encontrar paz y tranquilidad. Pero soy adulto, y como tal obro, y como tal espero que alguna vez los demás reconozcan lo que hacen mal hacia mi persona. Y no son pocas cosas.

Abuela, siento tu perdida exactamente con el mismo nivel de ira, rabia, desesperación, desolación, tristeza, amargura que sentí cuando tu hijo, mi papá, se fue ese 2 de octubre. Pero ahora, por los errores cometidos hacia mi, y desde mi, estoy solo y sin que nadie haya tenido el coraje de ni siquiera haber llamado. Esas dos personas deberán hacer un análisis profundo de cómo han actuado conmigo. Y una cosa tengo clara, de mi parte sí habrá lo que no han tenido conmigo: un abrazo.

Recuerdos, amor, compasión, silencio

Eras ante todo una mujer, eras la matriarca de la familia. Te recuerdo sumisa ante el genio del abuelo menos cuando tenías que defender a tus nietos. Recuerdo una vez, en una cena, que el abuelo se puso muy agresivo. No recuero bien el motivo, tal vez que alguno de nosotros no quería comer algo en concreto. Tú, que nunca gritabas ni contrariabas al abuelo, al menos delante nuestro, te levantaste con un vaso y le dijiste unas palabras y le dedicaste unos gritos de las cuales solo quedan la sensación que me produjo. Defensa. Nos defendías de su tiranía por encima de todo.

Recuerdo la paciencia que tenías para repasar la lección con nosotros. Tú, que aprendiste a leer de muy mala forma y ya no digamos escribir. Y tenías que estar pendiente de lo que íbamos diciendo en voz alta. Y lo hacías genial. Gracias abuela por tener tanta paciencia.

Los años que convivimos juntos, unos 11 años. Seguro que no fueron fáciles para ti. Te merecías descanso, un descanso que ojalá hubieses tenido. Nunca te escuche quejarte y nosotros, dentro de nuestras posibilidades, te intentábamos ayudar. Dejar la casa limpia los fines de semana, ir a la compra… los últimos años que estuve viviendo contigo también cocinaba en aquellas comidas familiares a mesa puesta y que tantas peleas producían.

Sí, la verdad que hemos peleado mucho. El nervio de la juventud contra el saber estar de la vejez. Silencio ante el nerviosismo que demostrábamos con muchos temas que al final no se han dado pero que podrían haberse dado. Peleas y peleas, pero siempre con la sensación de que tanto tú como nosotros queríamos lo mejor para unos y otros. Diferentes puntos de vista de una vida que compartíamos de la mejor forma que podíamos y sabíamos.

Ojalá hubiese una biografía de tu vida abuela. Ojalá pudiésemos ver qué pensabas realmente de todo lo que te ha ocurrido y que de puertas a fuera tu siempre asumías con paciencia y silencio. Ojalá, aunque esa verdad tuya resultase, en momentos, dolorosa.

Abuela, te quiero mucho. A pesar de todo lo que nos ha ocurrido.

Qué es la tahina

 

En mi última receta preparé un hummus y entre los ingredientes que se necesitan tenemos la tahina o tahine o tahini. Pues no es más que una pasta de sésamo. El sésamo o ajonjolí son esas semillas que encontramos encima del pan de las hamburguesas. Pues fuera de esta preparación (y de otras como los polvorones) es muy común en la gastronomía árabe y asiática.

Son unas pequeñas semillas muy ricas en aceite. De hecho el aceite de sésamo es muy común en tiendas de cocina asiática. Tiene un aroma y sabor fuerte y es ideal por sus tonos y gusto tostado para aderezar ensaladas o en salteados o incluso para marinar carnes, pescados o verduras.

Pero hoy hablamos de la pasta. Resulta genial para preparar una crema que sirve para aperitivos o acompañante en comidas. PEro también se utiliza como ingrediente en otras elaboraciones. Su principal ventaja la tiene un componente llamado sesamol que es un fuerte antioxidante. El principal inconveniente es que es muy calórico y además hay personas que tienen alergia alimentaria al sésamo.

La pasta de sésamo tal cual se elabora moliendo las semillas de sésamo. Al triturarlas el aceite aflora y se forma la pasta. Es lo mismo que si trituramos nueces u otros frutos secos, al poco empieza a “aceitar” y se forma una pasta. Si quisieramos hacer una crema de pasta la mezclariamos con aceite (por ejemplo de girasol) y un poco de agua mientras trituramos hasa que emulsiona y la pasta sería más clara y perfecta para untar con verduras o pan.

Y con este post contesto a la duda de “La pizca justa” de la receta de Hummus.

Enamorado de los fogones

Two glasses of white wine and bottle

Como cada año San Valentín vuelve a asomarse a nuestro calendario. Pero esta vez va a ser diferente. Nada de galletas con forma de corazón, ni bombones, ni globos, ni lazos. Este año vamos a celebrarlo como se merece. Y no hay mejor manera de hacerlo, que sentados en torno a una mesa delante de una deliciosa cena. Este año San Valentín se viste con delantal y se planta delante de los fogones.

Si tu media naranja es también un/a cocinilla como tú, la jornada será sensacional y el placer será doble: cocinaréis y disfrutaréis juntos.

Como he dicho no vamos a llenar la cocina de globos de colores pero sí podemos darle una atmósfera especial para que no sea el ambiente de siempre. ¡Creatividad al poder! Prueba a colocar algunos de tus utensilios de cocina como si fueran decoración en la pared. Sobre ellos deja post its que contengan los ingredientes de una receta nueva y sus explicaciones. No las dejes ordenadas. Como si de una yincana se tratara, tu acompañante deberá buscar la receta completa. ¡Puede ser un comienzo de tarde divertido antes de meternos en faena!

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Presta atención a la mesa que montas para la cena. Pon algún detalle que sea algo nuevo y personal: una vela sobre una botella de vidrio verde como si de un candelabro se tratara o pon un candelabro de metal en el medio de la mesa. La iluminación ayudará a dar un ambiente de más calidez y una atmósfera más romántica.

Una vez resuelta esta prueba de destreza, habrá que ponerse con las ‘manos en la masa’. No hace falta que elaboréis un menú muy complicado. Podemos comenzar con una tabla de quesos o un foie acompañado de rebanadas de pan tostado con pasas. Siempre podemos acompañarlo con un vino que maride con nuestra elección. Como plato principal, podemos elaborar una pasta fresca casera con una salsa también homemade.

El postre en una jornada como esta no puede faltar: San Valentín es goloso por naturaleza. Una propuesta refrescante y muy sencilla es poner unas cucharadas de yogur griego en unas elegantes copas de vino. Después, pela unos kiwis y los bates junto con una cucharada de azúcar (si son lo suficientemente dulces no hará falta) y un poco de crema agria. El resultado lo añades sobre el yogur que teníamos previamente servido en las copas. Si encima lo decoras con trozos de galletas María, obtendrás un postre irresistible para cualquier monstruo o cocinillas que se precie.

¿Sabéis lo que son los ramen?

Japón me encanta, no porque haya estado allí, aunque sé que si fuese entonces me volvería loco. Me gusta principalmente por su gastronomía, que por supuesto es mucho más que sushi. Una de las comidas más tradicionales que adoptaron de china son los ramen. De hecho se suele confundir bastante a menudo. El tipo de fideo es el chino pero los japoneses lo adoptaron y lo hicieron suyo en una versión callejera de la comida.

Este plato tiene más de 4.000 años de vida, y hasta tiene su propio museo donde se juntan dibujos, recetas, historia… La palabra que da nombre al plato se forma de dos caracteres chinos, por un lado – ra – que significa estirar y otra – men – que significa fideos. Es decir, la forma de hacer estos fideos es estirando la masa una y otra vez. Enrrollando y estirando y así hasta conseguir miles de estos fideos.

Los japonese fueron geniales porque hicieron de esta comida un plato completo ya que se compone de verduras, setas, carne, miso, pollo, salsa de soja, huevo cocido, curry y muchos otros ingredientes que lo hacen genial. Vamos, ideales. Digamos que es una comida rápida muy completa, tanto que… ¿Quién de nosotros no los ha comido? ¿Y vosotros de quienes sois?

Este post tiene contenido patrocinado.

La ganadora de la cesta Lidl Deluxe es…

Después de revisar los 140 comentarios para participar en el concurso de la cesta de Lidl con productos Deluxe nos hemos decantado por dos comentarios. El primero el de Roger y el segundo el de Paquita dado que a nuestro juicio eran los que cumplían con mejor criterio los requisitos para ganar.

Pero, como finalmente solo puede haber un ganador, nos hemos decantado por el de Paquita por su emotividad e historia…

¡Muchas gracias a todas y todos por participar!

¡Feliz Año!