Los amigos son únicos para hacerte recordar aquellas recetas que de una forma u otra han marcado la historia gastronómica de uno mismo y que también de una forma u otra has dejado en un rincón. Hacer esta receta tarta de manzana ha supuesto para mí una regresión a mi infancia.

La explicación. Cuando era pequeño tenía una manía (de tantas que sigo teniendo hoy en día). No me gustan las tartas que no dejan de ser mega pasteles con planchas de bizcocho rellenas de nata o similares y por fuera de lo mismo. Y si eran de chocolate menos todavía. Cada cumpleaños, 26 de diciembre, iba con mi padre a una pastelería que había (y creo que sigue existiendo) en frente (a un lateral) del Ayuntamiento de Móstoles (dónde vivía). Y allí comprábamos dos tartas, la asquerosa de chocolate y nata y la rica de manzana que solo comía yo.

Los orígenes de mi pasión por la gastronomía los encontramos en cosas como esta. Mi familia, históricamente, no ha sido una gran influencia en mis gustos culinarios hoy en día y de hecho no tengo grandes recetas de familia. Conservo más bien recuerdos aislados de momentos de infancia, yendo a determinados sitios, escuchando «escapadas» de juventud de mi padre, cocinando con mi madre en la cocina o pidiendo a mi abuela esas recetas de postres asturianos que solo ella sabía hacer. Pero es que caminante se hace camino al andar.

Ingredientes para 1 tarta

Para la base de masa quebrada:

175 g de harina
75 g de mantequilla
1 huevo
50 g de azúcar
1 cucharadita de sal

Para la crema pastelera:

250 ml de leche
1 rama de canela
Una cucharadita de esencia de vainilla
50 g de azúcar
3 yemas de huevo
25 g de maizena o harina de trigo

Para terminar la tarta de manzana:

2 manzanas reineta o golden
1 huevo
Azúcar
Mermelada de manzana o gelatina para abrillantar (opcional, a mí personalmente no me gusta)

Cómo hacer la Tarta de Manzana

Primero preparamos la crema pastelera. Ponemos en un cazo la leche junto con la canela y la vainilla a calentar. Mientras en un bol mezclamos la maizena, las yemas y el azúcar.

Cuando la leche empiece a hervir la retiramos momentáneamente del fuego y echamos un poco de leche al bol con la mezcla de harina, yema y azúcar y removemos hasta conseguir una mezcla fluida.

Echa el contenido del bol a la leche y vuelve a hervir, removiendo continuamente para evitar que se pegue. Retira del fuego, reserva en frio y con un filme pegado a la superficie para evitar que se forme costra.

Mientras se enfría hacemos la base. Es una masa quebrada. Ponemos en un bol la harina tamizada, la mantequilla fría y cortada en dados pequeños, el huevo, el azúcar y la sal y amasamos con la punta de los dedos. No demasiado para que no coja liga la masa. Una vez que esté bien mezclado todo, pero siendo unas migas. La juntamos y enfriamos en la nevera durante 1 hora.

Después estiramos la masa y la ponemos sobre un molde redondo. Otra opción es sin estirarla, extenderla con los dedos en la base del molde y dejarla ligeramente más gordita por los bordes. Agujereamos ligeramente la base.

A continuación ponemos la crema pastelera y la repartimos de forma uniforme.

Colocamos la manzana de forma encabalgada cortada en medias rodajas, pelada y descorazonada.

Por último pintamos ligeramente con un huevo y añadimos azúcar en grano por encima. Horneamos 180 ºC con el horno precalentado durante 20 minutos.

Al sacar del horno deja enfriar y, esto para mi es opcional, abrillanta con mermelada de manzana o con gelatina. Aunque a mí, personalmente no me gusta nada de nada una tarta de manzana con esto, aunque me lo como, claro. Para algo es mi tarta preferida de la infancia.