Igual que vale con atún, se puede hacer con bonito. De hecho, seguro que queda mucho mejor, más fino y más tradicional con bonito del norte. Dicho esto, debo decir que esta es una de las recetas que aprendí de verle hacerla a mi abuela. Ponerme en la cocina a jugar en aquella mesa larguísima, o eso me parecía a mi que era muy pequeño y por lo tanto podría distorsionar el tamaño real de las cosas, y ver a mi abuela cocinar determinados platos fue suficiente para aprender cómo los hacía.
El recetario de mi abuela era bastante limitado en lo que se refiere al abanico de recetas que tenía. Pero la verdad que eran (y son) muy variadas en cuanto a la materia prima a utilizar, es decir tenía una cocina muy versátil y como todas las abuelas muy del día a adía. Aunque realmente lo que más hecho de menos de mi cocina actual, tal vez sea ese punto de sobriedad que tiene la cocina casera del día a día que os comento que tenía mi abuela. Creo que debo aprender de nuevo lo que significa comer unos simples filetes de pollo a la plancha con una guarnición de judías verdes con patatas cocidas.
Nos empeñamos, hoy en día, por no cocinar, no tenemos tiempo. Pero cuando cocinamos todo tiene que ser la mar de complicado. Que si especias, que si salsas, que si la técnica de cocina… y eso nos lleva también a que la poca cocina casera que se pueda hacer en casa estará llena de hidratos, grasas, mil sabores, mil aromas. Así que espero ir poniendo por aquí las recetas que hacía mi abuela y que a mi me encantaban. De hecho, ya puse hace unos días las torrijas de leche de mi abuela.












